Reflexiones III
El
tercer bloque nos ha permitido adquirir los conocimientos necesarios
para evaluar la composición y variedad de un ciclo de menús de un
comedor escolar. Así, hemos conocido cuáles son las principales
recomendaciones de la Guía de Comedores Escolares del Programa
Perseo del Ministerio de Sanidad y Consumo, permitiéndonos ello
expresar una opinión fundamentada sobre un ciclo de menús escolar.
Esto
resulta de gran utilidad en nuestro centro de trabajo, pues ahora
podemos atrevernos a verificar la conveniencia de las ingestas de
nuestros alumnos en el centro. De hecho, aunque en la mayoría de los
ciclos de menús escolares aportados por los compañeros se cumplían
las recomendaciones de los especialistas en materia nutricional, la
tendencia era que también hubiese algún exceso o deficiencia de
determinados grupos de alimentos.
Por
ello, cobra especial importancia ser capaces de recomendar a nuestros
alumnos una cena complementaria para cada día. De hecho, sería
fabuloso que terminasen siendo ellos los que supieran determinar qué
deben pedirles a sus padres para cenar.
Por
añadidura, cabe destacar la importancia de que las familias sean
conscientes de la comida ingerida en el centro escolar por sus hijos,
de manera que puedan complementarla con aquellos alimentos que no
aparecen o lo hacen en pequeñas dosis. En cualquier caso, el
objetivo es que el cómputo global del día sea lo más equilibrado
posible, dado que es lo más recomendable para el desarrollo de los
niños y niñas.
Asimismo,
hemos
aprendido la diferencia entre la intolerancia alimentaria y la
alergia alimentaria. Así, la respuesta a la primera se produce en el
aparato digestivo y puede venir dada por una sensibilidad a los
aditivos alimentarios, deficiencias enzimáticas o reacciones a
químicos presentes en los alimentos, llegando a provocar un
importante sentimiento de malestar.
En
cambio, la reacción alérgica involucra al sistema inmunológico, el
cual identifica al ingrediente o alimento causante como un elemento
invasor o alérgeno. Cuando esto ocurre, el sistema inmunológico
sobrerreacciona produciendo anticuerpos llamados Immunoglobulina E
(IgE) que se trasladan a las células que liberan químicos, causando
una reacción alérgica. De hecho, en algunas personas, la reacción
alérgica a ciertos alimentos puede poner en peligro su vida.
Visto
esto, es absolutamente imprescindible que los establecimientos de
restauración y los comedores escolares incluyan siempre en sus
cartas o menús información sobre aquellos ingredientes y/o
alimentos que puedan afectar a la salud de sus comensales.
Por
otro lado, hemos aprendido la importancia de
practicar deporte sea cual sea nuestra edad. En este sentido, desde
nuestra función docente deberíamos animar vigorosamente a nuestros
alumnos a realizar ejercicio físico a la par de hacerles conscientes
de las enfermedades que pueden surgir como resultado de una mala
alimentación.




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